El comienzo

12:24

Creo que la mejor manera de empezar es por el principio, no el de los tiempos, que para eso no tengo tiempo (valga la redundancia) ni ganas. Si no por mi principio.

Desde pequeña me ha encantado escribir, desde poemas, hasta cuentos y una gran variedad de textos que no sirven para nada pero desahogan, ya te digo que desahogan. Siempre me gustó regalarle al mundo mis palabras, sean de su agrado o no, digamos que es mi manera de expresarme. Quizá empecé a darme cuenta de que me gustaba escribir y de que tenía mucha imaginación cuando, con escasos 6 años, me hacía mis propias películas (incluso Spielberg debería envidiarme), cuando con 8 años hacía cuentos - que más bien podríamos llamarlos telenovelas -. Pero jamás me gustaron los diarios, aunque también los escribía, quizá porque siempre he odiado hablar de mí, aunque ahora lo esté haciendo, porque siempre he pensado que el mundo necesita cosas nuevas, necesita entretenimiento. Y, aunque a todos nos gusten las vidas de los demás ya que somos de la raza cotilla y nos gusta saber si les va bien o mal, para envidiarles o alegrarnos de sus desgracias, cuando leemos eso no nos termina de "emocionar", cuando leemos nos gusta imaginar que estamos en otro mundo (al menos a mí), hacer que los personajes sean ideales, quizá incluso como querríamos ser nosotros, y desear con toda la fuerza del universo, vivir en el mismo mundo que ellos, saltar al libro y olvidarnos de nuestros propios problemas, digamos que para mí, un libro o una lectura siempre serán la mejor manera de hacer que todo lo que me rodea desaparezca por unos minutos (a veces hasta por unas horas).

Pero a este blog no he venido a inventarme historias, ni a crear un mundo de dragones y princesas donde todas deseemos ser esa nueva heroína de la que nunca se habla en los cuentos Disney, esa que salva el mundo sin necesidad de un príncipe que la despierte. Porque, para qué mentir, todas tenemos a nuestro príncipe personal (conocido o desconocido) con el que nos encantaría comer perdices, o, aunque sea, pedir unas pizzas. A este blog he venido a desahogarme, a criticar lo que creo que el mundo hace mal, a divertir si se puede, a haceros pensar en cosas de la vida en las que ni siquiera yo he empezado a pensar aún, y, también, a hacer que tengáis ganas de enamoraros (y quizá a daros envidia con mi amor), porque no hay nada más bonito que sentir el amor en todos los rincones de tu ser. Sí, señoras y señores, el amor existe.
Y, lo más importante, no he venido a escribir cosas con las que os emocionéis y muráis de pena, porque ya hay cosas tristes en la vida como para estar todo el día lamentándose, aunque quizá también las escriba (porque todas tenemos esos días, ya me entendéis), pero no, no quiero ser como esos nuevos poetas que escriben sobre el desamor y el nuevo amor propio pero que luego van buscando una cama en la que dormir de noche y acompañados. Yo ya tengo mi cama, y cuando no la tengo, está la suya para acogerme. Como sé que la vida también nos puede hacer daño y que no siempre todo es tan fácil como parece, pero que si tienes amor y optimismo, todo es posible. Intentaré de todas las formas posibles, hacer que quien me lea (si consigo que alguien lo haga) jamás se vaya con mal sabor de boca o con ganas de llorar, si no que tenga miles de ganas de encontrar ESE amor.

Porque la felicidad sí que es el desayuno de los campeones.

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