El miedo es el combustible de la vida.

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La verdad es que hay veces que escribes para que no te lean, para desahogarte, para intentar que así se te quiten esos nudos que te salen constantemente en el estómago, que ni siendo marinera podrías deshacer.
A veces tienes miedo, de ese irracional, o a veces racional porque, si, todos la cagamos, de perder a esa única persona que te hace ser y sentir especial, a esa persona en la que piensas todas y cada una de las madrugadas que te desvelas, y con quien desearías despertar en cada uno de esos momentos. Y es difícil no llorar al pensar que algo en tu vida, perfecta y sin problemas (bueno, alguno habrá, siempre los hay) pueda cambiar, de un día para otro, por tu culpa, claro que es difícil, es difícil vivir tu vida, tu rutina, si no le tienes a él para sorprenderte, para vivirla a tu lado, o simplemente para darte ánimos con ello.
Es difícil no pasarse las horas pensando en él, y siempre en él. Es difícil pensar si un día todo eso podría desaparecer y llevarte a tu Narnia particular, donde todo es frío, donde no tienes ni idea de como poder encontrarte, donde tu vida tal y como la conocías y tal y como la viviste siempre (bueno, al menos como siempre la quisiste vivir) ha desaparecido, o cambiado, se ha esfumado para no volver jamás. ¿Cómo te vas a imaginar sin él si está hasta en el mínimo de tus recuerdos? Está en tus ataques de risa, está en tus lloriqueos de niña pequeña y en los de no tan pequeña, está como apoyo en tus peores momentos, está en cada rincón a donde has viajado, está en esos probadores de aquella tienda donde ser pudorosos no entraba en vuestros planes, está en cada camiseta que te hizo amar con sus piropos y sus ganas de quitártelas a mordiscos, está en cada viaje en autobús dormidos el uno agarrado al otro. Está en tu cama, en cada rincón de ella, está en todos y cada unos de los gemidos de tu almohada. Está hasta en los rincones más perdidos de Madrid, en el tiempo invertido en encontraros los labios en cada esquina mientras buscabais como llegar a vuestro destino, está en cada gota de lluvia tapada por ese techo de una calle de Malasaña. Está en cada respiración acelerada, en cada bombeo del corazón, en cada calada a aquel primer cigarro cerca de aquella farola, está en las miradas de envidia de aquellos tíos y de aquellas chiquillas de la calle.

No. No soy de esas personas que escriben y no demuestran, tampoco soy de las que viven la vida cuadriculada, como si la rutina improvisada no fuese lo mas bonito que exista en esta vida. Y por todo eso (o quizá por mas), no puedo asegurar que mi vida no cambiará en un futuro, no puedo asegurar que todos los que me rodean lo sigan haciendo mañana (quizá también por pura experiencia), simplemente aseguró que lucharé por mantener lo que me importa. Lucharé por sus besos, incluso por los que se dan con "desgana" cuando estamos enfadados, lucharé por sus abrazos cuando sabe que no puedo con la vida, lucharé por sus verdades que duelen, pero refuerzan. Lucharé por su amor, que no veas como sube, como coloca, como enamora, como cala. Lucharé por sus miradas de admiración, incluso cuando ni yo misma confío en mi. Y sobretodo, lucharé por su sonrisa, porque, que quede claro, hacerle feliz es mejor que una ducha fría en verano, mejor que quitarse los tacones después de una boda interminable, mejor que mi propia felicidad.



Te prometo que, pase lo que pase, haré tu vida un poco más fácil, un poco mas bonita y un poco mas plena. 



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