Confesiones de 7719 noches.

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A veces en la vida toca confesarse, quizá para dar un paso adelante y decir "esto ya no me da miedo" o tal vez para dar fe de que tu vida ya es como debería haber sido siempre. A veces hay que mirar atrás y ver todos los fallos, explicar el por qué hoy eres como eres y por qué actúas como actúas. Hay momentos en los que, simplemente, decir la verdad ya no está de más, nadie va a juzgarte, y si lo hacen, ¿qué mas da?, hace tiempo que eso no te afecta. Y hoy, si, hoy, me toca a mi, aunque quizá seas tú el siguiente.

Confieso que soy mujer y no, no confío en las mujeres, creo que la mayoría son crueles y saben que lo son, que actúan para su propio beneficio, aunque haya otra gran parte de ellas que son todo lo contrario. Confieso que me han hecho mucho daño en la vida, pero yo me he hecho más, muchísimo más. Confieso que para encontrarme con el hombre adecuado, he tenido que tropezar con varios sapos en el camino, y algunos de ellos han tenido que tropezar conmigo (en ese caso, quizá el sapo era yo), y si, algunas de esas veces me he caído al suelo y me he hecho heridas que no se han curado de la noche a la mañana. Confieso que siempre supe que a pesar de todo eso nunca me había enamorado, pero que tenía que experimentar el daño, para que si tenía la mala suerte de enamorarme y no ser correspondida, la puñalada no doliese tanto. Confieso que después me di cuenta de que el amor de verdad siempre llega, más tarde o más temprano, pero algunos no saben apreciarlo, que enamorarse es mucho más increíble de lo que jamás había imaginado, más real y más sincero. Confieso que mucho daño del que me han hecho me lo merecía, porque aunque no he sido cruel, jamás he sido una santa. Confieso que sería incapaz de manipular a alguien a mi antojo, porque antes de hacer o decir algo, no puedo evitar ponerme en el lugar del otro. Confieso que me han mentido, desde mentirijillas piadosas a mentiras con las que se podría haber hecho una película. Confieso que he llorado, más de lo que quiero recordar y más de lo que muchos pudieran llegar a imaginarse, que muchas de esas lágrimas han sido de pena, pero otras tantas de alegría. Confieso que no he tenido una vida fácil y jamás he pensado en nada que no fuera seguir hacia adelante. Confieso que de pequeña jugaba a maquillarme para intentar ser más mayor de lo que era, poniéndome tacones y bolsos más grandes que yo misma. Confieso que siempre me ha encantado inventarme historias, escribir, y que jamás he dejado de lado a mi imaginación, siempre me ha gustado que fluya. Confieso que he seguido las modas, pero a la vez siempre he ido en contra de ellas. Confieso que no siempre he sido sincera con mis padres, y que nunca les conté las veces que me hacían sufrir con insultos. Confieso que he llegado a casa más tarde e mi hora por entretenerme con las "amigas", aún sabiendo que me estaba pasando de hora. Confieso que hace un tiempo que soy incapaz de confiar en nadie, y que sólo cuento mis secretos a mi diario y a mi media naranja. Confieso que a su lado me vuelvo loca, y me encanta ser inmadura cuando se puede, y me encanta hacer el tonto por la calle, me mire quien me mire. Confieso que prefiero una noche en casa viendo una película, a escuchando música estridente destrozando mis oídos. Confieso que tengo al mejor amigo del mundo, que no es solo amigo, y a la vez es mucho más que eso. Confieso que no soy yo misma con casi nadie, porque no creo que nadie lo merezca, que la amistad me ha hecho mucho más daño que el amor. Confieso que me he hundido por personas que no merecían ni media lágrima, pero que jamás he estado sola para desahogarme. Confieso que me cuesta decirla a alguien lo mucho que me importa, que hace un tiempo que no soy una persona de abrazos y que no creo que la etiqueta "amigo" se pueda poner tan fácilmente. Confieso que si alguien me conociese como me conoce quien más me ama, jamás querría separarse de mi, jamás querrían perder mi amistad. Confieso que soy realista, y que nunca he sido creída, siempre me he sentido inferior. Confieso que ahora soy feliz como soy, y no cambiaría nada en mi vida, que no hay mayor regalo que la felicidad plena junto a quien te ama de verdad, digan lo que digan los demás. Confieso que hace un tiempo que no me creo palabras, y a veces ni siquiera un gesto, que necesito miles de demostraciones para poder confiar.


Y si, confieso que tú me ganaste. Confieso que eres lo único bueno que tengo en mi vida, y que sé que siempre nos vamos a tener. Confieso que te debo mucho, que te debo la vida, porque me has ayudado a salir hasta del pozo más profundo. Confieso que te amo y se lo podría confesar hasta al mismísimo papa si hiciese falta. Confieso que no sé mentir, ni regalarle los oídos a nadie, que la sinceridad es mi punto débil. Confieso que tú y yo, hace tiempo que somos uno. Confieso que gracias a ti, ya nada me da miedo. Confieso lo que nunca confesé, y es que tú, eres mi punto débil, y a la vez, eres mi punto fuerte.

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