Cuentos de hadas.

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Ni los cuentos son tan cuentos, ni los malos son tan malos. Que es posible conocer a tu príncipe azul en algo muy poco parecido a un castillo. Que las hadas no existen, pero que sé que lo que revoloteaba en mi estómago cuando te conocí, mariposas no podían ser, batían mucho más fuerte sus alas. Que no hay caballos blancos ni perdices que comer, que el mundo está lleno de posibles enfermedades y de coches que contaminan, y que el cielo está demasiado gris últimamente, pero que me pongo tu mano en la mía y te juro que veo el negro del color del arcoíris. Que a Blancanieves no le habría venido a rescatar el príncipe que conoció anoche en una discoteca, y que a la Bella Durmiente jamás podría haberle despertado un beso de amor verdadero “porque eso no se lleva”. Que las malas del cuento ahora no serían más que madres normales, preocupadas porque su princesa llegue a casa a la hora, y no se pierda, madres que no saben ya qué es dormir tranquilas cuando los únicos días que no trabajan los pasan en vela. Que no existiría Pepito Grillo, ahora ese pajarito azul le ha quitado el protagonismo, y nuestra conciencia no son más que 140 caracteres escritos por personas que jamás veremos.

Y a los que dicen que los cuentos no son reales, les pregunto: ¿Qué hay de real en el mundo de ahora? Ese mundo en el que prima más una foto que un buen beso de horas y horas de duración, ese mundo en el que el “yo más” está impreso en nuestras frentes, en el que en vez de sentir, deseamos superar. Vivimos en el mundo del miedo, en el mundo del temor a sentir que nos vamos haciendo pequeños, del temor a ver que hay alguien más feliz o simplemente, menos preocupado que nosotros, del temor a que nos hagan cenizas y no ser capaz de imitar a un Ave Fénix, del temor a sentir. Vivimos en el mundo del miedo a aprender, y por miedo a aprender entramos en un bucle sin fin, en un bucle de rutina, en un bucle de no arriesgarse, de no jugar, de no apostar, porque ¿y si perdemos?


Creo que algunos no han aprendido, que lo peor no es perder, lo peor es no jugar habiendo podido ganar, lo peor es no seguir adelante habiendo podido llegar a donde querías, lo peor es no ser tú mismo por temor a no gustar, lo peor es que la industria cosmética haya calado hasta en nuestro alma, y ya nos de miedo ir naturales. Y, ojalá algún día podáis disfrutar del gozo de apostar por algo, de luchar aunque tu habitación y algunos momentos de tu vida se conviertan en un mar de lágrimas, ojalá algún día podáis tener la satisfacción de ser felices, por algo, por alguien y junto a alguien y decir “por esto he luchado yo”, ojalá tengáis la satisfacción de saber que los cuentos de hadas existen si te esfuerzas lo suficiente como para creer en ellos.


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