¿Y si no hubieras aparecido aquel día?

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¿Y si no te hubiese conocido aquel día? O mejor, ¿y si te hubiese conocido antes?
La vida es un conjunto de pequeñas decisiones que vamos tomando, que nos hacen llegar a donde estamos hoy, o eso dicen. Porque la verdad es que yo no me lo creo, yo creo en el destino, y en el Karma, yo creo también en las buenas y las malas decisiones, creo que algo llega cuando tiene que llegar, pero si estás destinado a ello, siempre llega.

Creo en esa historia que me contaron de pequeña, que dice que las almas gemelas existen, que todos tenemos una en una parte del mundo y que, si se va, si huye porque tiene miedo o porque sus sentimientos, su corazón, superan todo lo que es capaz de entender; existe un hilo que las une, y que, gracias a la magia que el destino tiene para mostrarnos, ese hilo nunca se rompe, y el día que ambas personas estén preparadas (porque sus almas lo están desde el momento en que se encontraron), ese día, el universo jugará sus cartas, y aunque ellos tengan que luchar, tengan que vérselas con miles de monstruos para llegar al castillo que poco a poco construirán juntos, se amarán.

Pero también hay una gran verdad, y es que nadie sabe cuánto va a llegar a amar un día, ni quienes finalmente terminarán desapareciendo, ni tampoco si va a ser feliz en un futuro, o al menos más feliz de lo que se cree que es, porque tendemos a subestimar la felicidad, a creer que simplemente por reírse un par de veces al día, somos felices, nos conformamos, y la mayoría de veces no la buscamos. Aunque sí, la felicidad de verdad no se busca, simplemente aparece para no querer irse nunca, y no, nunca lucha con la tristeza, también la deja actuar, porque no hay persona que sea feliz que no haya llorado un par de veces al mes, que no haya sentido miedo, que no haya simplemente sentido, porque no hay cosa más bonita que sentir, que mostrar lo que sientes y a pesar de ello no sentirte frágil.

Me gustaría decir que podemos controlar todo, que podemos decidir. Pero no. El amor no se elige, se tiene, se coge entre las manos y se reza (aunque uno sea ateo) para que no sea de los que haga daño, y para que, al final, no desaparezca. El amor se cuida, el amor no es como un cactus, es más bien como una planta carnívora, que se lo come todo sin dejar nada a su alrededor si no lo alimentas bien; el amor es como un árbol, que da frutos en primavera y al que tienes que cuidar cuando se le caen las hojas, el amor, es un regalo, y eres el mío. Tampoco podemos elegir el dolor, no podemos decidir si queremos sentirlo o no, siempre aparece, el dolor por una pérdida de alguien que quisiste desde que naciste, el dolor porque alguien en quien confiabas te dio una puñalada en la espalda, de esas que te dejan sangrando meses, el dolor porque te has esforzado mucho por algo, pero aún así no has conseguido lo que querías. Pero como bien dicen, después de la tormenta siempre llega la calma, y el dolor es menos dolor, si tienes a alguien que te cure las heridas.

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