La fuerza de las palabras.

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Palabras. Quién iba a decirnos un conjunto de letras, tomando forma, podría conseguir tantas cosas a la vez. Quién nos iba a decir que una simple palabra podría crear la diferencia entre querer seguir o querer huir. Quién nos iba a decir que con sólo un par de símbolos inventados por el hombre, podríamos explicar nuestro estado de ánimo, podríamos crear magia, y podríamos destruir hasta el más maravilloso de los reinos.

Las palabras pueden ser como la más dañina de las armas. Como el filo de aquel folio que tocaste sin querer y te hizo brotar sangre. Las palabras pueden llevarnos a lo más profundo de ese pozo sin salida. Un simple insulto, un desprecio, o una burla pueden llevar hasta al ser humano más alegre a un momento de desesperación, pueden llevar hasta a la persona más bondadosa hasta sus malvadas inseguridades. Una palabra puede causar el final de la vida, el comienzo de una vida nueva y oscura, e incluso puede conseguir llevarse las ganas de soñar. Una palabra puede llevarse las ganas del mejor escritor de terminar aquel poema que había creado, las ganas del aficionado de cantar a pleno pulmón, las ganas del guitarrista de mostrarle al mundo su improvisación, las ganas del pintor de colgar su cuadro en ese bar de enfrente de su casa, las ganas del soñador de llegar a las nubes. Una palabra puede provocar mayores tempestades que un huracán, devastando todo lo que pasa por delante suya, y ya no hay marcha atrás. O si.

Porque también, una palabra puede ser mejor que el más grande de los milagros. Puede conseguir que hasta el alma más oscura, consiga vestir de los colores de la primavera. Una palabra puede sacar la mayor de las sonrisas, puede tirar abajo muros que eran indestructibles, puede traspasar fronteras que hasta ese momento estaban prohibidas. Una sola palabra puede llenar una vida, puede conseguir darle sentido a otra, y puede ser la que comience otra nueva. Una palabra puede ayudar a terminar aquel poema, puede conseguir que hasta el cantante más cohibido salga a la calle a soltar notas a tutiplen, puede conseguir que el músico regale sus creaciones incluso a quien no las quiera, puede conseguir que aquel pintor exponga su cuadro con mucho gusto en el bar en el que todos le tratarán como a un igual. Una simple palabra puede transformar el odio en amor, la tristeza en felicidad plena y la desgracia en una suerte casual que, ya no nos abandona tanto.


Tú, y sólo tú eres quién decide cómo usar tus palabras.

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